Cuando el cuerpo, con su capacidad de subvertir normas y generar placer, se convierte en mercancía, surge una pregunta crucial: ¿puede considerarse un acto de rebelión política o es solo otra forma de sumisión al mercado? El cuerpo —encrucijada de poder, identidad y deseo— está en el centro de un debate complejo. En el feminismo y el pensamiento queer asume un doble papel: símbolo de resistencia y lugar de explotación.
La mercantilización del cuerpo —sexual o laboral— desafía dicotomías fundamentales como libertad y opresión, elección y coacción. En un sistema capitalista que transforma todo en mercancías, el cuerpo se convierte en el terreno de una paradoja: mientras se reivindica la autodeterminación, el mercado lo reclama como propio. ¿Dónde termina el control individual y dónde comienza la explotación?
La relación entre feminismo y venta del cuerpo incluye cuestiones como el trabajo sexual, la maternidad subrogada y la mercantilización de la imagen. Algunas corrientes feministas reivindican estas prácticas como expresión personal y fuente de sustento económico. Otras subrayan los riesgos de objetivación y de perpetuación de dinámicas patriarcales en un contexto capitalista.
Por ejemplo, Marina Abramović, en la performance Role Exchange (1975), desafía las convenciones sociales y cuestiona los límites entre identidad social y profesional. El público asume un papel crucial en la obra, que desestabiliza y provoca. «¿Qué ocurrió? Ocurrió el arte»2, afirma la artista, subrayando cómo este trabajo no se limita a un contexto restringido, sino que nos involucra a cada uno de nosotros, entrelazándose con las dinámicas de la vida cotidiana.
Las prácticas artísticas feministas son fundamentales en la lucha por la igualdad de género, usando el arte para resistir, criticar y transformar la cultura. Con el tiempo han evolucionado: artistas como Martha Rosler se interrogán sobre temas esenciales: «Take the Money and Run? Can Political and Socio-Critical Art 'Survive'?»3. En una época en que el capitalismo domina —y al mismo tiempo muestra signos de crisis— resulta esencial reflexionar sobre el papel y la función del arte en este escenario.
El cuerpo obrero, la otra mercancía
En paralelo, el cuerpo obrero ofrece otra lente crítica. El trabajo alienante transforma el cuerpo en un mero instrumento para generar beneficio, recordando a la prostitución: durante las horas laborales, el cuerpo del obrero se convierte en propiedad del empleador, reducido a fuerza de trabajo deshumanizada. El obrero, como la prostituta, sacrifica identidad y dignidad. Sin embargo, el trabajo asalariado es socialmente aceptado, mientras que la prostitución está estigmatizada. Ambos, no obstante, revelan un sistema que reduce a las personas a recursos, ignorando su esencia humana.
En la contemporaneidad, la tipología de trabajo más demandada es la prostitución intelectual: un concepto usado para describir una situación en la que se ponen a disposición las propias capacidades intelectuales, creativas y/o profesionales a cambio de una ventaja económica, de poder o de visibilidad, sacrificando valores personales, ética o autenticidad. En este contexto, el término no se refiere a la actividad física, sino a adaptarse a las exigencias de un sistema a menudo asociado a campos como el periodismo, el arte, la investigación académica y el marketing.
El concepto está estrechamente ligado al debate sobre la libertad intelectual y la integridad personal en el contexto de un mercado cada vez más competitivo y a menudo despersonalizante. La prostitución intelectual, convertida en una metáfora cada vez más ajustada para describir el panorama laboral actual, es a la vez causa y consecuencia de la sustitución progresiva —e imparable— de los obreros por las máquinas. Es el prefacio de un mundo en el que la automatización y el trabajo digital se afirman como sectores predominantes.
Esta transición no está exenta de compromisos: a menudo el trabajo intelectual se malvende al mejor postor, sacrificando creatividad, ética y autonomía en el altar de la productividad y el beneficio. La sociedad parece premiar más la capacidad de adaptarse a las exigencias del mercado que la autenticidad y el valor intrínseco de las competencias humanas. «Hay que disponerse activamente a esperar lo imprevisto. Y eso depende de la capacidad del trabajo precario e intermitente de hacerse valer de forma implacable»4 —afirma, en una entrevista, el filósofo Paolo Virno comparando los movimientos del 77 con nuestra situación actual.
De los años setenta a hoy: un nuevo manifiesto
En los años setenta, feminismo y luchas obreras se entrelazaban. En Milán, corazón del feminismo radical, y en Roma, centro de colectivos como Rivolta Femminile, se desarrollaron batallas contra la opresión y las desigualdades. Temas como el aborto, la violencia de género y el trabajo doméstico se volvieron centrales. Rivolta Femminile, cofundada por Carla Lonzi y Carla Accardi, produjo un manifiesto que rechazaba toda definición patriarcal de las mujeres.
Su manifiesto es un documento fundamental del feminismo italiano, en el que se afirma que la mujer no es una «minoría» que emancipar, sino un sujeto autónomo que rechaza el dominio masculino. Rivolta Femminile tuvo un impacto duradero al redefinir el debate cultural en Italia. Hoy el feminismo es más diverso e interseccional, pero la lucha continúa.
Como en los años setenta, hace falta un nuevo manifiesto que afirme: no somos mercancías ni territorios por conquistar, sino personas libres que rechazan toda explotación invisible e irreconocida. Solo uniendo feminismo, queer y luchas colectivas se podrá desafiar el sistema que reduce el cuerpo a función utilitaria, reconquistando espacios de libertad auténtica y afirmando «nosotros estamos aquí».
La urgencia de intervenir la confirma el número ya alarmante de feminicidios registrados en Italia en 2025. El nuevo año se abrió con el asesinato de Eliza Stefania Feru y con una sentencia del Tribunal Penal de Módena. La necesidad de afrontar con determinación el fenómeno de la violencia de género sugiere la necesidad de un manifiesto renovado a través de los siguientes 10 principios fundamentales:
- Ruptura del patriarcadoEl feminismo es un movimiento por la justicia y la libertad, no contra los hombres.
- Igualdad radicalIgualdad de derechos y oportunidades para tod*, contra toda forma de discriminación y opresión.
- Justicia ambientalLa crisis climática debe afrontarse incluyendo a las mujeres en las decisiones.
- Derechos digitalesSeguridad online contra el odio y el acoso de género.
- Representación equitativaMás mujeres en la política, la economía, la cultura y la ciencia.
- Acción inmediataActuamos ahora, sin esperar permisos ni momentos ideales.
- Compromiso constanteTransformación cotidiana hacia un futuro inclusivo.
- Trabajo y autonomíaValorización del trabajo femenino y fin de la brecha salarial.
- AutodeterminaciónDefensa de los derechos sobre el propio cuerpo y de la salud reproductiva.
- Educación sexualFormación inclusiva para superar estereotipos y roles de género.
«La verdadera lección que hemos aprendido de la época “pospolítica” es la existencia de un mínimo de deliberación sobre los fines colectivos que no puede mantenerse fuera de la esfera pública para siempre. Sin el reaparecer de una organización de masas, sin embargo, eso solo puede ocurrir a nivel discursivo, mediado por los medios: cada gran acontecimiento se analiza por su carácter ideológico, produciendo controversias que se articulan entre campos cada vez más claramente delineados en las plataformas sociales, y que luego son amplificadas por los medios preferidos de cada una de las partes»5.
- C. Lonzi, Sputiamo su Hegel e altri scritti, ed. A. Buttarelli, La Tartaruga, Milan 2023, p.11
- M. Abramović, Walk Through Walls: A Memoir / Attraversare i muri. Un'autobiografia, Bompiani 2016
- e-flux.com — Take the Money and Run?
- ilmanifesto.it — Paolo Virno, 1977
- A. Jäger, Hyperpolitics. Radicalism in the Age of Social Media / Iperpolitica. Politicizzazione senza politica, NERO Editions, 2024, p.144